Día del maestro

El día del maestro es una festividad en la que se
conmemora a las personas que hacen de la enseñanza su trabajo habitual, como
maestros,
catedráticos y
profesores.
La fecha de esta celebración varía entre los diferentes
países, si bien la UNESCO sugiere
hacerlo el 5 de octubre, práctica que ha sido seguida
por numerosas naciones.
En 1943, la Primera Conferencia de Ministros y Directores de
Educación de las Repúblicas Americanas, celebrada en Panamá,
propuso también una fecha unificada para todo el continente; eligiéndose el 11 de
septiembre, aniversario del fallecimiento del estadista y educador
argentino Domingo Faustino Sarmiento. Dicha
fecha ha continuado conmemorándose en la Argentina, pero se ha abandonado en el
resto del continente.
El día del maestro ecuatoriano
El 13 de abril, es día grande, es el día del Maestro
Ecuatoriano. En las figuras excelsas de Juan Montalvo, González Suárez y Luís
Felipe Borja, los tres grandes maestros como por antonomasia se les llama, se
rinde pleito homenaje, al forjador, al conductor de la niñez y la juventud
ecuatorianas.
En verdad, en estas cuartillas que escribimos en homenaje al maestro, no
queremos incidir en un lugar común, en una exaltación romántica, en un
ditirambo almibarado, en una fraseología engolada que cada vez tiene menor
valor por su falta de sinceridad y lo que es más grave no responde a la
realidad de los hechos. Porque si hemos de afirmar que los auténticos, los
verdaderos maestros se merecen nuestro eterno reconocimiento y admiración,
tampoco se puede soslayar que algunos se incorporan al magisterio sin la
mística, sin la vocación ni entrega que se requiere para tan arduo y difícil
apostolado.
Sin embargo, no cabe mirar el problema parcialmente. Debemos puntualizar que
los gobernantes, con las excepciones de estilo, muy poco se han preocupado por
enaltecer y dignificar la noble tarea de la educación. No pocas veces se ha
mirado al maestro en forma peyorativa, quien debía morirse de hambre
legalmente, un jornalero a destajo de la educación. Las conquistas se las ha
ganado el magisterio en las calles, luchando con uñas, colmillos y dientes,
muchas veces con el sacrificio y la sangre de no pocos compañeros. Nunca se le
ha dado la importancia que se merece, pagándole una renta que le permita vivir
digna, decentemente y no se vea obligado a buscar trabajo en otras
instituciones para balancear su presupuesto familiar.
Pero si bien cabe señalar que la crisis que se refleja en otras profesiones,
también tiene asidero en el magisterio propia de la sociedad de consumo que
vivimos. El magisterio es una profesión como cualquier otra, que permite vivir,
cubrir algunas necesidades fundamentales. No tiene la aureola, el prestigio,
que en otros países rodea al maestro. Y lo más sensible que la excelencia del
maestro se va perdiendo cuando en determinados gobiernos, de los cuales no
quiero acordarme, se ha cotizado, se ha puesto precio por un cargo de profesor,
por un ascenso, por un cambio. Los méritos nada pesan, nada valen, las virtudes
por valiosas que sean no se las evalúa en su verdadero sentido y aquello quedó
para los ingenuos, para los inocentes, creer o esperar en los concursos de
merecimientos. Pero tampoco queremos atacar con palo de ciego. Hay excepciones,
hay personeros de conducta impoluta y rectilínea. No podemos, sin pecar de
injustos, dejar de reconocer que hay maestros que por su solvencia moral e
intelectual, por su entrega generosa al apostolado de la educación, merecen en
este mes de abril, les hagamos llegar un himno sonoro y vibrante de la niñez,
de la juventud de nuestra ciudad y provincia, en reconocimiento a su noble,
altruista y fecunda labor en beneficio de a Patria.
http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_del_maestro
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